El Brexit arroja al Reino Unido a una ‘guerra’ sin respuestas para Europa

By on 27 junio, 2016

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Las 72 horas transcurridas desde un referéndum que ha cambiado para siempre la naturaleza del proyecto comunitario se han llevado por delante a la clase dirigente británica, han impuesto un preocupante signo de interrogación sobre las perspectivas económicas de la quinta potencia mundial y, sobre todo, han evidenciado la ausencia de una hoja de ruta por parte de quienes hasta el jueves prometían un futuro de prosperidad si el Reino Unido rompía con Bruselas.
La materializaci√≥n del escenario m√°s temido por el establishment, los mercados y, sobre todo, por unos l√≠deres europeos que exigen a Londres una salida diligente, ofrece pocas pistas acerca del nuevo encaje de la segunda econom√≠a europea en el continente. Los interrogantes nunca resueltos en la campa√Īa contin√ļan dominando el panorama brit√°nico como un infausto recordatorio de la incapacidad de la clase pol√≠tica de establecer un di√°logo abierto con un electorado que, ante la confusi√≥n, se lanz√≥ al vac√≠o del territorio desconocido.

Las consecuencias de su decisión han revelado el grado de desconexión de los grandes partidos, que en lugar de atender a una Europa que demanda rapidez, o de analizar qué condujo a la derrota de una opción, la de la permanencia en la UE, apoyada mayoritariamente por los poderes fácticos, se han enfrascado en luchas internas por el control del organigrama político.

De momento, los partidarios del Brexit, adem√°s de comenzar a cuestionar sus propias promesas de las √ļltimas semanas, como que la ruptura permitir√≠a controlar la inmigraci√≥n, o que las partidas que hasta ahora se destinaban a Bruselas ir√≠an √≠ntegramente a la Sanidad, se han dedicado a repartirse la pieza m√°s codiciada del plebiscito: el liderazgo conservador.

La decisión de David Cameron de retrasar la negociación del divorcio hasta la elección de su sucesor ha sido aprovechada por sus rivales para ganar tiempo para hacerse con el control de un partido profundamente dividido entre quienes consideran que su nuevo cabecilla debería proceder del frente vencedor, lo que dispara las posibilidades del más astuto de los defensores de la salida, Bori Jonhson; y quienes están resueltos a detener el ascenso de un ex alcalde de Londres criticado por utilizar una consulta histórica como plataforma para sus aspiraciones sucesorias.

Su reto m√°s inmediato, antes incluso de asumir la complicada negociaci√≥n de salida de la UE, ser√° resolver el complicado debate de convocar o no generales para dar legitimidad a su ocupaci√≥n del N√ļmero 10 y evitar as√≠ el error t√°ctico cometido en 2007 por Gordon Brown, cuando tom√≥ de Tony Blair las llaves de la residencia oficial sin consultar a los electores.

Como consecuencia, mientras la UE reclama a Londres sentido institucional para contener la hemorragia provocada por la Brexit en el corazón mismo del proyecto comunitario, los principales partidos británicos han respondido enzarzados en luchas cainitas, que no hacen más que aumentar la confusión ante el primer experimento de amputación de un estado miembro.

 

El ejercicio de autocomplacencia de la clase pol√≠tica de Reino Unido incrementa los riesgos de la inestabilidad que el resultado del refer√©ndum ha desencadenado, como este mismo fin de semana se encarg√≥ de recordar Moody?s. La agencia de calificaci√≥n ha rebajado su evaluaci√≥n de la perspectiva brit√°nica de estable a negativa, como consecuencia del “prolongado per√≠odo de incertidumbre” que pronostica ante una era sobre la que las principales inc√≥gnitas permanecen por aclarar, desde la continuidad brit√°nica en el mercado com√ļn, a las expectativas en materia de control de la inmigraci√≥n. Por si fuera poco, un plebiscito originado en primera instancia por la porf√≠a que Bruselas generaba entre los conservadores ha acabado desencadenando una profunda brecha en la sociedad brit√°nica, que no s√≥lo se encuentra letalmente dividida, sino que se enfrenta a un sector creciente que se resiste a aceptar el veredicto de las urnas.

Como consecuencia, el apoyo a una petici√≥n parlamentaria que plantea una segunda votaci√≥n se cuenta ya por millones, rompiendo todos los r√©cords de una C√°mara de los Comunes que fija en 100.000 el n√ļmero de firmas necesarias para que una propuesta sea debatida.

De hecho, pese a las advertencias iniciales de la UE, que hab√≠a mantenido que no habr√≠a una segunda oportunidad, la idea de un nuevo plebiscito ha sido amparada ya por diferentes dirigentes pol√≠ticos y los propios liberal-dem√≥cratas, socios minoritarios de los tories en la coalici√≥n que gobern√≥ hasta el pasado a√Īo, han anunciado que lo incluir√°n en su programa, si finalmente hay un adelanto electoral.

La fractura en la calle, adem√°s, encuentra su reflejo en el orden territorial, puesto que Escocia, que vot√≥ un√°nimemente por la permanencia, ha activado ya los mecanismos para evitar que una decisi√≥n catalizada por Inglaterra y Gales fuerce a su ciudadan√≠a a la salida de Europa. El Gobierno decidi√≥ ya el s√°bado iniciar “discusiones inmediatas” con Bruselas para proteger su v√≠nculo comunitario y, crucialmente, inaugurar los trabajos para que una segunda consulta de independencia sea “realizable”, transcurridos menos de dos a√Īos de una primera votaci√≥n que, en parte, hab√≠a rechazado la secesi√≥n para evitar la salida de la UE.

Entre las opciones que maneja se encuentra la posibilidad de vetar el Brexit para el conjunto de Reino Unido, seg√ļn avanz√≥ la ministra principal, Nicola Sturgeon, que asumi√≥ que Londres deber√≠a recabar el “consentimiento legal” de Edimburgo. Los expertos han dudado ya de que Escocia cuente con autoridad para un procedimiento que desencadenar√≠a, adem√°s, una crisis constitucional mayor incluso de la que plantea el actual galimat√≠as escoc√©s. No en vano, las implicaciones supondr√≠an que una minor√≠a de la poblaci√≥n brit√°nica impondr√≠a su voluntad sobre la decisi√≥n mayoritaria de quienes el pasado jueves decidieron que la sociedad con Bruselas no tiene cabida en el Reino Unido del siglo XXI.

 

 

fuente: eleconomista.es

 

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