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Los ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea (UE) han mantenido este viernes una discusión en la que se han replanteado su futuro económico, con propuestas como avanzar hacia una mayor integración con una capacidad presupuestaria común en la Eurozona, una idea que genera una fuerte resistencia.

La presidencia de turno de la UE -que este semestre ostenta Eslovaquia- ha planteado un «debate intelectual» a los ministros que por el momento no se prevé que se materialice en ninguna propuesta legislativa pero que sirve para tomar el pulso al vacilante proyecto comunitario.

Ante la fragilidad de una Eurozona dotada de una moneda y banco central propios, pero carente de instrumentos de política fiscal que le permitan absorber de una manera menos traumática los impactos económicos externos, los socios mantienen «un entendimiento común» de que se debe reforzar su fortaleza ante futuras crisis.

La presidencia ha hecho circular un documento entre los ministros en los que explora alternativas a un por el momento poco probable presupuesto para la Eurozona, para crear un «pilar fiscal» protector para la zona del euro.

La cuestión no es nueva, pero sí lo es la concreción con la que los documentos eslovacos plantean medidas rompedoras, como crear una prestación de desempleo europea que complemente las nacionales en periodos de turbulencias.

Otra opción que se menciona es crear un fondo común con aportaciones anuales hechas durante épocas de bonanza al que se pueda recurrir en las vacas flacas, con parámetros por ser definidos y al que recurrir para paliar los picos de desempleo o las caídas de la inversión.

Como tercer planteamiento se habla de poner en marcha un fondo de inversiones comunes, algo que sería «especialmente útil para hacer frente a choques simétricos» y que podría estar orientado a alimentar grandes proyectos europeos en sectores como la energía, las telecomunicaciones o el transporte, según el documento de la presidencia.

La propuesta eslovaca recalca la importancia de que en cualquier caso, el mecanismo por el que se optase funcionase de manera «automática», para evitar que las discusiones políticas interfiriesen en su funcionamiento y dañasen su credibilidad.

También plantea la opción de que los países solo pudieran acceder al mecanismo de estabilidad que se pusiera en marcha si cumplen una serie de condiciones, como por ejemplo respetar las reglas de disciplina fiscal -España logró en julio eludir una multa por este motivo- o ejecutar las reformas estructurales recomendadas por Bruselas.

Estas ideas «casi provocadoras», en palabras de las citadas fuentes, no generan el suficiente consenso como para salir adelante, aunque hay países como España que se muestran en líneas generales a favor de una unión fiscal de la Eurozona, con una mayor convergencia entre los países e incluso la creación de un presupuesto común.

Al menos un par de países se han pronunciado en contra de que la Eurozona cuente con una capacidad presupuestaria o fiscal, apuntaron las fuentes europeas, mientras unas segundas fuentes añadieron que Alemania y otros socios han asegurado que por el momento sería «imposible» poner en marcha un proyecto como éste, que consideran que requeriría cambiar los tratados europeos.

Fuente: eleconomista.es