Reino Unido inicia las negociaciones de salida de la Uni贸n Europea

By on 19 junio, 2017

Transcurrido pr谩cticamente un a帽o de un refer茅ndum que ha reescrito las reglas del juego comunitario, todo ha cambiado al norte del Canal de la Mancha y, a la vez, el panorama es el mismo: el pa铆s quiere acabar con 44 a帽os de matrimonio de conveniencia, pero ignora qu茅 relaci贸n quiere mantener con su futuro ex socio.

Si ya la complejidad del divorcio constitu铆a un reto para cualquier administraci贸n, el hecho de que la actual no pueda garantizar en casa la aprobaci贸n de lo que obtenga en Bruselas convierte una tarea tit谩nica en misi贸n virtualmente imposible. El catastr贸fico error de c谩lculo de Theresa May con el adelanto electoral ha dejado a la primera ministra expuesta a las maquinaciones de las diferentes facciones que cohabitan en el Palacio de Westminster y su propia continuidad en Downing Street pende de un hilo.

De momento, su partido no la obliga a hacer las maletas porque sabe que la maniobra podr铆a resultar contraproducente y acabar haciendo caer al Gobierno en su conjunto, en un contexto en que el pa铆s se juega su futuro con la negociaci贸n de la ruptura comunitaria. Sin embargo, la fecha de caducidad de su estad铆a en el N煤mero 10 de Downing Street se ha recortado como consecuencia de la gesti贸n de la crisis del incendio de la torre Grenfell y el 煤ltimo atentado y el desaf铆o a su liderazgo podr铆a ya no ser cuesti贸n de meses, sino de semanas.

En pie de guerra contra May

Los conservadores ya estaban en pie de guerra contra quien responsabilizan de haber perdido la mayor铆a absoluta por una desastrosa campa帽a en la que sus limitaciones quedaron en evidencia. Por ello, la vacilaci贸n en las horas posteriores a la tragedia, en las que cometi贸 el fallo de evitar reunirse con las v铆ctimas, ha constituido la 煤ltima gota para una formaci贸n conocida por su falta de reticencias para el regicidio. En el momento en que el mot铆n no arriesgue con entregar las llaves de la residencia oficial a Jeremy Corbyn, May recibir谩 el toque de gracia.

Su ascenso y posterior ca铆da, no obstante, van m谩s all谩 de una mera mudanza en el N煤mero 10 y tiene profundas consecuencias para el porvenir no solo del pa铆s, sino del proyecto comunitario. Tras hacerse con el relevo de David Cameron en julio, la primera ministra hab铆a disfrutado de una luna de miel de nueve meses en los que se acab贸 creyendo invulnerable. Asumi贸 el triple salto mortal del adelanto de las generales como un mero tr谩mite para legitimar la autoridad que consideraba tener para apostar por un Brexit duro, a pesar de que, antes del plebiscito del 23 de junio, nadie hab铆a aclarado a los votantes que la opci贸n de abandonar supondr铆a dejar el mayor club comercial del mundo, romper con la uni贸n de aduanas y detener la integraci贸n en materia de justicia.

Varapalo en las urnas

El varapalo en las urnas deber铆a haber aniquilado su apuesta para la salida, pero Downing Street insiste en que la aproximaci贸n no ha cambiado en relaci贸n al libro blanco del Brexit, cuyo esp铆ritu bebe directamente de las propuestas anunciadas por la propia May en enero. Por si fuera poco, el departamento gubernamental encargado del proceso mantiene tambi茅n que su intenci贸n de abordar en paralelo las conversaciones de la ruptura con las de la nueva relaci贸n sigue intacta, a pesar de que Bruselas ha repetido reiteradamente que las primeras deben concluir antes de abordar el futuro.

El testarudo posicionamiento brit谩nico evidencia el estado de caos con el que el Ejecutivo afronta las conversaciones. Para empezar, no cuenta con apoyo suficiente para la f贸rmula que quiere aplicar para el divorcio y su pertinaz obstinaci贸n con imponer su metodolog铆a para la negociaci贸n amenaza no solo con dificultar el di谩logo, sino con hacerlo descarrilar. De ah铆 que las 煤nicas dos opciones posibles impliquen un Brexit aceptable para la mayor铆a del Parlamento, un factor que implicar铆a irremediablemente una soluci贸n blanda, o el fin de las conversaciones sin acuerdo, es decir, el temido escenario del precipicio, un desenlace que no conviene a ninguna de las partes, pero menos todav铆a a quien est谩 resuelto a navegar por libre.

Evitarlo depender谩 de la destreza negociadora de quien, en 煤ltima instancia, asuma el peso de las decisiones, pero la dicotom铆a entre una UE ansiosa por demostrar que la vida fuera del bloque es peor que dentro y un Reino Unido obligado a aceptar lo que Bruselas ofrezca reduce el margen de maniobra. No en vano, quien sea que reside en Downing Street en 2019 deber谩 justificar ante la ciudadan铆a una resoluci贸n pol铆ticamente digerible y econ贸micamente sostenible.

Fuente: eleconomista.es

You must be logged in to post a comment Login