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El Reino Unido protagoniza hoy su particular Día D del siglo XXI con una decisión que cambiará las reglas de juego del proyecto comunitario:

Los colegios electorales han abierto sus puertas este jueves para dar paso a los británicos a decidir en las urnas si el país seguirá siendo miembro o no de la Unión Europea, una decisión que podría estar muy ajustada. 

Las urnas estarán abiertas hasta las 22.00 horas y si bien no están previstos grandes sondeos a pie de urna, los resultados del recuento podrían ofrecer un resultado hacia el amanecer. Las últimas encuestas publicadas antes de la apertura de los colegios dibujan un escenario igualado y reparten los augurios de victoria entre las dos campañas.

Independientemente del veredicto, el referéndum sobre la continuidad británica en la UE marcará un punto de inflexión en el proceso de integración del continente: si se evita el Brexit -el escenario más temido tanto en Bruselas como en Londres por su potencial de devastación de la economía británica y de desestabilización del bloque europeo- el más reticente de los integrantes de los Veintiocho pasaría a disfrutar de un ‘estatus especial’ que amenaza con generar una Europa de dos velocidades.

Los últimos sondeos confirman el suspense ante un plebiscito con un triple epicentro. Downing Street será el primer foco de atención, puesto que, aunque el primer ministro ha reiterado que no dimitirá, su continuidad es complicada debido al desgaste de una batalla que ha dejado a su partido al borde de la guerra civil.

La siguiente parada obligatoria serán los mercados, puesto que el veredicto se conocerá ya a su apertura. A la vista de la evolución de las últimas semanas, en las que cada repunte del Brexit fue correspondido con una frenética actividad especulativa y una sonora depreciación de la libra, es improbable que una potencial salida sea bienvenida en la City.

El Banco de Inglaterra (BoE, en sus siglas en inglés) ha preparado planes de contingencia para contener una reacción que podría dejar el colapso bancario de 2008 en una anécdota. El gobernador se granjeó un notable criticismo entre los defensores de la ruptura por calificarla como «el mayor riesgo» para la economía británica, pero el consenso prácticamente mayoritario está de parte de Mark Carney: de certificar el divorcio, Reino Unido puede prepararse para una recesión que, según ha avanzado el ministro del Tesoro, implicaría un Presupuesto de emergencia para hacer frente a un agujero de unos 30.000 millones de libras.

La clave fundamental en un escenario de ruptura sería el modelo de salida. Cameron ya ha avanzado que activará de inmediato los mecanismos para iniciar la retirada, pero el frente proBrexit, cuyos representantes en el Gobierno saldrían notablemente reforzados, querría retrasar la aplicación del artículo 50 hasta que el escenario haya sido consensuado.

A juzgar por la campaña, el principal punto de fricción sería el encaje en un mercado común que implica necesariamente el libre movimiento de personas, pero ante las dimensiones de un hito que no tiene precedentes, las sorpresas se tornan inevitables ante un proceso que obligaría a revisar 80.000 páginas de acuerdos comunitarios.

En Bruselas, la maquinaria comunitaria ha acelerado los preparativos para cualquier escenario. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y su homólogo del Parlamento Europeo, Martin Schulz, se reunieron para coordinar la respuesta. «Estamos preparados para los dos escenarios», dijo una portavoz de la CE a el Economista. Las mismas fuentes comentaron que Juncker está también en permanente comunicación con el presidente del BCE, Mario Draghi. El italiano dijo la víspera ante los eurodiputados que el BCE estaba preparado para «todas las contingencias». Como prioridad, Fráncfort actuará para «estabilizar los mercados» y garantizar toda la liquidez necesaria para evitar que los inversores o los ahorradores entren en pánico.

 

Fuente: eleconomista.es