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A tres días de que los británicos voten si quieren seguir siendo parte de la UE, los inversores se preguntan qué pasará el día después en lugares como Escocia, España, Alemania o Francia.

La imagen que los europeos hemos tenido del Viejo Continente durante los últimos 40 años es la de un montón de países unidos del brazo mirando al futuro. Cada uno con una historia, una lengua y un Gobierno, pero con un objetivo común: hacer de Europa un lugar próspero, en paz y cada vez más unido.

Pero la amenaza de Reino Unido de dejar el club europeo ha hecho que muchos empiecen a ver esa idílica foto de familia de otro modo. Ahora, en lugar de un círculo armonioso, los países se han puesto en pie y han formado un dominó inestable en el que a duras penas mantienen la formación.

El Brexit, que la semana pasada consiguió ponerse por delante en casi todas las encuestas publicadas, no solo es una amenaza para Reino Unido, su economía y sus relaciones con el resto del mundo. Puede ser también un duro golpe a la unidad europea y el futuro de muchas regiones, que pueden querer seguir el ejemplo británico.

Si Reino Unido decide dejar la UE, el efecto contagio puede ser imparable, dicen todos los analistas

A pocos días del referéndum del 26 de junio, la repercusión política que el Brexit va a tener en el resto de Europa es el mayor motivo de preocupación en los mercados. «De todos los riesgos que conlleva el Brexit, el mayor, sin lugar a dudas, es el contagio político», asegura Alberto Gallo, jefe de análisis macro de Algebris Investments.

Si Reino Unido decide dejar el club europeo, el efecto contagio puede ser imparable según todas las firmas de análisis. Lugares como Escocia y Cataluña pueden ver cómo sus movimientos independentistas cogen fuerza; en República Checa y Dinamarca los expertos temen el aumento de apoyo a los partidos euroescépticos que podrían forzar referendos en estos países.

En Austria, Holanda y algunos países nórdicos, el auge de los partidos de derecha también preocupa, mientras que en Alemania y Francia, dos países que celebran elecciones generales el año próximo, la presión populista sobre los actuales líderes políticos aumentaría notablemente.

«El Brexit crearía un precedente de países dejando la UE en lugar de uniéndose a ella», dice un informe de la agencia de calificación de deuda Fitch Ratings. «Puede dar alas a los antieuropeos u otro tipo de partidos populistas y los líderes europeos serán más reacios a implementar políticas poco populares, pero que pueden tener efectos económicos positivos a largo plazo», añade esa firma.

Otro informe del banco estadounidense Merrill Lynch es todavía más negativo. «Un Brexit pondrá sobre la mesa de forma automática la supervivencia de la UE», aseguran sus analistas.

La amenaza del Brexit puede resumirse en tres riesgos. El primero, es que se pondría fin al mito de que ningún país puede irse de la UE, algo que se temió en 2015 con la crisis griega, pero que nunca llegó a materializarse.

El segundo, es que la salida de Reino Unido, un país estable, podría alentar el apoyo de partidos populistas en Europa, como el Frente Nacional en Francia, el AfD en Alemania y el movimiento Cinco Estrellas en Italia. Esto también incluiría el riesgo separatista en lugares como Escocia y Cataluña, dos regiones en las que los movimientos independentistas podrían relanzarse.

El caso de Escocia es particular, ya que se espera que los escoceses voten mayoritariamente a favor de la UE. Un apoyo al Brexit se consideraría una cuestión «inglesa» y daría argumentos al gobierno de Nicola Sturgeon para volver a proponer un referéndum de independencia.

El tercer riesgo que perciben los mercados es que la marcha de Reino Unido supondría la desaparición de uno de los miembros más liberales en políticas económicas de la UE, junto con Holanda y los países nórdicos. Con el apoyo de Alemania, este bloque alcanzaba el 35% de los votos, suficiente para sacar adelante muchas medidas. «Si la UE pierde este contrapeso y cobran más poder economías menos liberales, esto significará políticas económicas menos liberales», explica Gallo en su informe.

La primera prueba sobre el posible impacto político del Brexit llegará tres días después, con las elecciones al Parlamento español. Algunos analistas políticos indican que a los votantes de este país apenas les influyen las cuestiones exteriores a la hora de decidir el voto. Pero el potencial Brexit sería un acontecimiento de tal calado que podría mover a una parte del electorado español.

Para unos, podría ser una ratificación de que se pueden cambiar las estructuras de la UE, animando el voto populista por Podemos. Otros, por el contrario, podrían ver el voto británico como un acicate para buscar la seguridad de partidos establecidos como PP y PSOE.

Las consecuencias del Brexit en España llegarán a medio plazo y dependerán del efecto en Escocia

La otra potencial derivada del referéndum de Reino Unido para España llegará a medio plazo. Si hay Brexit, no se espera una inmediata convocatoria de referéndum de independencia por parte del Gobierno escocés, que seguramente esperará a ver cómo se desarrollan las negociaciones con la UE, cómo se resuelve el impacto en la política nacional británica y cómo evoluciona el precio del crudo, clave para la economía escocesa. Si finalmente se produce otra consulta escocesa, los nacionalistas catalanes reforzarían su petición de una consulta en su región.

El calendario electoral europeo seguiría en los próximos meses con Italia, Holanda, Francia y Alemania.

 

¿Referéndum consultivo?

Otra cuestión que se hacen muchos analistas es la posibilidad de que, si la victoria del Brexit es muy ajustada, el Parlamento británico podría arrastrar los pies a la hora de su implementación. La actual mayoría de la Cámara de los Comunes es partidaria de la permanencia en la UE, y ni siquiera si hay unas nuevas elecciones se espera que cambie de manera significativa este reparto del espectro.

Además, si Bruselas toma una posición muy dura en las negociaciones y el Gobierno británico ve muy difícil llevar adelante el Brexit sin un largo periodo de incertidumbre y un fuerte daño económico, algunos segmentos pro-Brexit podrían conformarse con otra renegociación de la posición de Reino Unido en la UE.

De hecho, el exalcalde de Londres Boris Johnson sugirió esta posibilidad al ponerse en cabeza de la campaña por el Brexit. Según un informe emitido por el banco de inversión Goldman Sachs esta semana, se podría llegar a un acuerdo para la firma de otro tratado europeo, «en el que se reconocería la UE como un grupo de países que se mueven de manera concéntrica», unos más cercanos a la integración y otros más lejanos.

David Cameron rechaza de plano esta opción. Su intención, en caso de victoria del Brexit, es enviar de inmediato una carta a Bruselas solicitando la activación del artículo 50 del tratado, que abre un periodo de dos años (prorrogable) para negociar la salida de la UE. Probablemente, Cameron dimitiría al día siguiente, dejando detrás un verdadero tsunami en la política británica y la integración europea. Aunque luego Reino Unido diera marcha atrás, buena parte del mal sería irreversible.

 

Fuente: expansion.com