El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comparecerá ante una sesión conjunta del Congreso y el Senado a última hora del martes, a modo de discurso sobre el Estado de la Unión. Con poco más de un mes y medio en el cargo, los inversores buscan encontrar respuestas a algunas de las principales dudas sobre la agenda económica del mandatario, como por ejemplo, si este apoya el impuesto de ajuste fronterizo incluido en la reforma fiscal esponsorizada por el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano, Paul Ryan.

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Al respecto, la reforma tributaria, combinada con un recorte de la regulación, será el principal instrumento del presidente y su gobierno para alcanzar un rápido crecimiento económico. Consciente de que su popularidad depende de la expansión del PIB, Trump orquestará un plan que implícitamente no será tan obvio como muchos esperan.

El lunes, el Comandante en Jefe de EEUU se reunió con los representantes de las principales aseguradoras sanitarias del país, como UnitedHealth, Aetna, Anthem, Cigna o Humana, a los que prometió «algo especial» en su hazaña por cancelar y reemplazar la reforma de salud orquestada por su predecesor, Barack Obama. «Hablaré sobre ello en mi discurso», dijo en referencia a su comparecencia del martes en la Cámara de Representantes.

«Su compromiso para anular y reemplazar la reforma de salud de Obama es básicamente simbólica», considera LaVorgna, quien cree que, en la práctica, las reformas tributarias serán más fáciles de implantar antes de que los cambios sustanciales en el reemplazo del Obamacare entren en vigor. En este sentido, la forma más fácil de ofrecer un estímulo a la economía es un recorte de los impuestos sobre la renta.

Una decisión que podría implementarse relativamente pronto a través de una reconciliación de los presupuestos, lo que implica que estas rebajas sólo estarán vigentes durante 10 años antes de regresar a sus niveles previos. Una medida orquestada por el presidente George W. Bush en 2003 y 2005, que el mercado interpretaría como una solución temporal para estimular el crecimiento.

Sin embargo esto ofrecería tiempo a la administración Trump para ahondar en una reforma tributaria de gran calado en sintonía con el Congreso y el Senado que permitiría cambios permanentes en el código fiscal. De conseguir un apoyo bipartidista, la propuesta podría pasar el visto bueno del Senado con 60 votos. Pero, ¿es esta situación factible?. «Sí, porque hay más apoyo bipartidista a una reforma de lo que se piensa y porque la reforma del impuesto de sociedades se ligará al gasto en infraestructura, donde hay cierta sintonía entre republicanos y demócratas», manifiesta el economista de Deutsche Bank.

Esto tiene sentido si tenemos en cuenta que se incluye algún tipo de iniciativa para fomentar la repatriación de beneficios, ingresos parte de los cuales podrían destinarse a financiera obras de infraestructura.

Por último, en lo que se refiere al impuesto de ajuste fronterizo, que tase las importaciones en lugar de la exportaciones, todo parece indicar que esta medida se implementará de alguna u otra forma. Su instauración permitirá recortar el impuesto de sociedades desde el 35% actual hasta el 20%. Además, según los expertos, haría que el código tributario estadounidense fuera más eficaz a nivel global, mejorando la competitividad de sus empresas. Además, con menos impuestos y menos regulación, el impuesto de ajuste fronterizo fomentaría la relocalización de las operaciones de muchas multinacionales a EEUU.

Fuente: eleconomista.es