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El año pasado, el popular encuentro de banqueros centrales en Jackson Hole, Wyoming, estuvo ensombrecido por el desplome del yuan y la posterior hecatombe bursátil que mantuvo en vilo a los inversores de todo el mundo, la edición de la próxima semana, bajo el título «Diseñando marcos monetarios para el futuro», estará marcada por la relativa calma global. Entre la enquistada costumbre de una débil demanda global, el uso de excepcionales herramientas monetarias por parte del Banco Central Europeo o el Banco de Japón y el acecho de riesgos geopolíticos, como las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, copará la atención de los inversores el próximo viernes.

Si la lideresa de la Fed se excusó el año pasado de participar en esta reunión, que en 1982 se trasladó a Wyoming para satisfacer la afición de Paul Volcker a la pesca, Yellen no tendrá excusa la semana que viene para hilvanar sus intenciones y las del resto de miembros del Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por sus siglas en inglés) en lo que a la próxima subida de tipos se refiere. «Desde su última reunión a finales de julio, la Fed ha contado con una segunda fuerte lectura del dato de empleo y pese a la debilidad del PIB en el segundo trimestre, los datos de consumo privado fueron robustos», manifiesta Rob Martin, economista de Barclays Capital. «Pensamos que Yellen ofrecerá un mensaje constructivo sobre el mercado laboral y el renovado momento de la economía estadounidense», añade.

Un hecho que no comparten otros expertos, como Ryan Sweet, economista de Moody´s Analytics, quien considera que la presidenta de la Fed no ofrecerá pista alguna sobre cuándo se volverá a subir los tipos a este lado del Atlántico. «La brecha entre el Simposio de Jackson Hole y la próxima reunión de la Fed es de casi un mes, lo que supone una eternidad para sus funcionarios, muchas cosas pueden pasar en dicho periodo», aclara.

Sin embargo, durante la jornada del jueves William Dudley, el presidente de la Fed de Nueva York, denotó de nuevo sus devaneos de halcón monetario al poner de manifiesto que los dos últimos meses de crecimiento del empleo han ayudado «a aliviar las preocupaciones que surgieron previamente este año sobre que la expansión laboral estaba comenzando a estancarse. De hecho, estos reportes refuerzan mi perspectiva de que las condiciones del mercado laboral siguen mejorando». «Por primera vez en bastante tiempo, los avances en empleos de ingresos medios superaron a la expansión de puestos de altos y bajos ingresos a nivel nacional», señaló.

A comienzos de semana, Dudley se demarcaba de las declaraciones de John Williams, su homólogo de la Fed de San Francisco, quien sugirió que el banco central debería revisar sus metodologías y objetivos de inflación. Pese a las dudas de este funcionario, el capitán de la Fed neoyorquina dijo el martes que la próxima subida de tipos está «cada vez más cerca». «Si el dato de empleo de agosto que se publicará el 2 de septiembre es lo suficientemente sólido, esperamos una subida de tipos a finales del próximo mes», reconoce Martin.

Desde Deutsche Bank, su estratega Alan Ruskin, reconoce que cuando Yellen concluya su discurso el próximo viernes querrá dejar todas las opciones abiertas antes de la próxima reunión de política monetaria que tendrá lugar el próximo 20 y 21 de septiembre. Para entonces, el indicador FedWatch que elabora la Bolsa Mercantil de Chicago estima que sólo existen un 12% de posibilidades de que los miembros del FOMC muevan ficha con una próxima subida de 25 puntos básicos.

Fuente: eleconomista.es